Autos abandonados convierten calles de Saltillo en ‘deshuesaderos’ urbanos

Autor: Gerardo Garza Castilla

El problema, documentado por Vanguardia, exhibe una disputa cotidiana por el uso de la vía pública.

En lo que va del año, autoridades municipales han asegurado 272 vehículos abandonados y han logrado la reubicación de mil 110 más.

Saltillo enfrenta un problema urbano que crece entre banquetas, colonias y calles saturadas: vehículos abandonados que permanecen semanas, meses o incluso años en la vía pública hasta convertirse en auténticos “deshuesaderos” al aire libre.

De acuerdo con un reporte de Vanguardia firmado por Armando Ríos, en lo que va de 2026 la Comisaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Saltillo ha asegurado 272 vehículos abandonados en distintos sectores de la ciudad. Además, entre enero y mayo, al menos mil 110 unidades fueron reubicadas luego de que la autoridad localizara a sus propietarios y les solicitara retirarlas de la calle.

La cifra no es menor. Significa que, en apenas cinco meses, más de mil 300 vehículos fueron detectados por la autoridad municipal en condiciones de abandono, descuido o permanencia irregular en espacios públicos.

Los automóviles abandonados en la vía pública se han convertido en una postal cotidiana en la ciudad.

El problema no solo tiene que ver con autos viejos. Tiene que ver con el uso de la calle.

En muchas colonias, la vía pública empieza a funcionar como estacionamiento permanente, taller improvisado, bodega familiar o yonke informal. Vehículos chocados, descompuestos, sin llantas, sin vidrios o con piezas faltantes se quedan sobre la calle hasta afectar la movilidad, la imagen urbana y la percepción de seguridad de los vecinos.

La Comisaría ha informado que estos casos son detectados principalmente mediante el Operativo Bronce, a través de recorridos de vigilancia y reportes ciudadanos. Una vez que se ubica una unidad en aparente abandono, los elementos acuden a domicilios cercanos para tratar de identificar al propietario y determinar si procede su retiro, aseguramiento o reubicación.

Cuando el vehículo es asegurado, se traslada al corralón. Sus propietarios deben pagar los gastos de resguardo por día, además de una multa superior a los 800 pesos, según la información publicada por Vanguardia.

El fenómeno ya venía creciendo.

En junio de 2025, Vanguardia había documentado que 149 autos habían sido remolcados al corralón y otros 806 habían sido reubicados por sus dueños. Para 2026, la cifra de unidades aseguradas prácticamente se duplicó respecto a ese corte, mientras que los vehículos reubicados superaron los mil casos.

Pero el problema no empezó este año.

En 2023, el periodista Alonso Flores Ramírez documentó para Vanguardia el caso de vehículos abandonados durante años en calles del Centro Histórico de Saltillo. En aquella publicación, vecinos denunciaron molestias por unidades que generaban malos olores, reducían el paso peatonal y creaban puntos oscuros o inseguros durante la noche.

Ese antecedente mostró una de las principales fallas del problema: no basta con que el vehículo esté ahí; muchas veces debe existir presión vecinal, reporte ciudadano o presencia mediática para que finalmente sea retirado.

El reglamento municipal establece que un vehículo puede considerarse abandonado cuando permanece más de ocho días sin signos de uso o movimiento en la vía pública, a partir de que la autoridad tiene conocimiento del caso. Tras la notificación correspondiente, el propietario cuenta con un plazo para retirarlo antes de que pueda ser enviado al corralón.

En la práctica, sin embargo, el abandono vehicular se ha convertido en una molestia cotidiana para vecinos que no siempre saben a quién reportar, que temen represalias o que han visto cómo las unidades permanecen durante largos periodos sin que alguien se haga responsable.

Los automóviles abandonados en la vía pública se han convertido en una postal cotidiana en la ciudad. Foto: Homero Sánchez

El impacto rebasa la estética urbana.

Un vehículo abandonado puede ocupar espacios de estacionamiento en calles ya saturadas, bloquear visibilidad en esquinas, dificultar la recolección de basura, reducir el paso de peatones, acumular residuos, atraer fauna nociva o convertirse en punto de reunión y consumo.

También puede esconder otro tipo de problemas: autos sin documentación, unidades involucradas en hechos de tránsito, vehículos que fueron reparados parcialmente y quedaron inservibles, o bienes que sus propietarios no pueden costear para mover, reparar o regularizar.

Ahí aparece una dimensión económica del fenómeno. No todos los autos abandonados son resultado de irresponsabilidad deliberada. En algunos casos, reparar una unidad vieja cuesta más que su valor comercial; pagar una grúa, regularizar papeles o cubrir multas puede resultar inviable para familias con ingresos limitados.

Aun así, el espacio público no puede quedar secuestrado por bienes privados.

La calle es de todos. Y cuando una ciudad permite que la vía pública se use como bodega, taller o yonke permanente, el abandono empieza a normalizarse.

Saltillo ha reforzado los operativos y los datos muestran una respuesta institucional más activa. Pero las cifras también revelan la magnitud del problema: por cada auto enviado al corralón, hay varios más que tuvieron que ser retirados por sus propietarios después de la intervención municipal.

La pregunta de fondo no es solo cuántos vehículos se han asegurado.

La pregunta es por qué tantos autos llegan a ese punto.

El aumento de “deshuesaderos” en plena vía pública exhibe una tensión cada vez más visible en Saltillo: una ciudad que crece, se densifica y exige orden urbano, pero donde muchas calles siguen siendo usadas como extensión privada de talleres, casas o negocios.

Retirar autos abandonados ayuda. Pero el reto mayor es evitar que la ciudad se acostumbre a ver la calle como un depósito de lo que ya nadie quiere mover.

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