De mesas y meseros.
Autor: Vera Redacción
Un repaso agradecido por los meseros que ha conocido el autor: desde Pepe Carrizales, el mesero-actor del inolvidable café “Élite”, hasta un breve encuentro en un restaurante de Oaxaca.
Soy hombre agradecido, y buena parte de mi agradecimiento es para los meseros. Acerca de ellos se cuentan muchos chistes (“¡Mesero! ¿Voy a tener que esperar aquí toda la noche?”. “No, señor. Cerramos a las 11”), pero esos cuentos, como los que se hacen a costa de las suegras y los curas, carecen de verdad. Bueno, casi siempre.
El primer gran mesero que conocí y traté fue Pepe Carrizales, en el inolvidable “Élite” de Chuy Martínez. Alto, delgado, con el negro cabello brillando en vaselina y peinado hacia lo alto, Pepe era modelo de elegancia y fino trato. A mí me quería bien. En cierta ocasión estaba yo con una chica, y llegó al café otra con la que antes tuve devaneos. Taconeando sonoramente para ser notada se dirigió la recién llegada a la radiola y puso la tremebunda canción intitulada “Hipócrita”. Luego, ya en su mesa, clavó en mí y en mi amiga una insistente mirada de rencor fuliginoso. De inmediato acudió Pepe y apagó el aparato.
–Se
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