La erosión silenciosa de las comunidades. Parte II.
Autor: Vera Redacción
Una segunda entrega sobre cómo el aislamiento urbano fue reemplazando los saludos en la banqueta y el reconocimiento al vecino, y por qué recuperar el sentido de pertenencia exige escuchar primero a quienes habitan el barrio.
Partamos para esta segunda entrega de la visualización de un panorama de comunidad, que a mediados del siglo pasado era normal. Imaginemos un barrio por la mañana, donde las y los vecinos caminando por las calles, rumbo a escuelas, centros laborales o cualquier otro lugar para dar inicio a sus actividades cotidianas.
El encuentro, casual pero inevitable, con otras y otros vecinos en la calle da pie a diversas interacciones; se saludan en la banqueta, entablan breves diálogos sobre la Familia, el clima o cualquier otro tema que podría pasar por trivial. Se reconoce y saluda a quien abre las puertas de su negocio de escala barrial, ya sea una panadería, una papelería, una ferretería, una fonda, o simplemente el “estanquillo” o la “tiendita de la esquina”.
Cada encuentro refuerza en el subconsciente de cada habitante la idea de que se está en casa, entre personas conocidas, en un ambiente de confianza; la sensación de encontrarse en una dimensión más amplia de lo que conocemos como hogar.
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